
El Real Madrid ha emprendido una campaña inusual contra los árbitros coincidiendo con la poca eficacia del tandem Vinicius-Mbappé. Ancelotti no controla los gallos de su vestuario.
El Barça ha superado la tormenta arbitral desatada por el Real Madrid de Florentino y se encuentra a dos puntos del líder y a uno del Atlético de Simeone. El título de Liga se mueve ahora en un pañuelo de tres puntas, o quizás cuatro, si el Athletic de Valverde empuja con más insistencia desde el cuarto puesto. El equipo de Hansi Flick se impuso con goleada contra el Sevilla en una exhibición de resistencia y talento, rotaciones y agilidad, con más de media hora con diez por la roja directa a Fermín.
Este Barça, recuperado del bache de noviembre y diciembre, es competitivo y puede aspirar a todo. Ha enlazado con la calidad del principio de temporada y entiendo que vuelve a practicar el mejor fútbol de la Liga. Pero el tema son los árbitros, profesión arriesgada y siempre incomprendida por los vencidos.
El Barça tiene una larga trayectoria de quejas, muchas veces justificadas, incluso antes de los viejos tiempos de Guruceta. Lo que no es frecuente es que el Madrid recurra a los árbitros como elemento perturbador de sus resultados. Es raro que dirija una dura carta a la RFEF quejándose de un penalti no señalado a Mbappé en el campo del Espanyol. Y va más allá al decir que “representa la culminación de un sistema arbitral completamente desacreditado, en el que las decisiones en contra del Real Madrid han alcanzado un nivel de manipulación y adulteración de la competición que ya no puede ser ignorado”.
El dato de haberle pitado diez penaltis a favor y uno en contra esta temporada no tiene importancia. ¿No será que la galaxia blanca, el tándem Vinicius-Mbappé, no funciona y que Ancelotti no coordina a los dos principales gallos del vestuario? ¿Se vivía mejor sin el VAR? ¿Regresamos a la era analógica? No.
Publicado en Mundo Deportivo el 11 de febrero de 2025