Europa, ni vencida ni muerta

La necesidad de una mayor unidad europea debería ser una consecuencia de la desvinculación trasatlántica por parte del presidente Trump. Macron y Starmer en un encuentro en París esta semana.

El mensaje del vicepresidente J.D. Vance cayó como un jarro de agua fría en la Conferencia de Seguridad de Munich. Dibujó el futuro de Ucrania como el resultado de un probable pacto entre Donald Trump y Vladímir Putin, al margen de Ucrania y de Europa. Dejaba la seguridad europea prácticamente desvinculada de los pactos atlánticos que nacieron en 1949 y que han pautado el orden mundial de las democracias liberales desde entonces.

Fue una intervención programática que dejó helada a una audiencia que escuchaba cómo los problemas de Europa no eran Rusia o China, sino que se encontraban en la falta del ejercicio de la libertad en la misma Europa.

El discurso de Trump ha penetrado en la opinión pública europea, que vislumbra una crisis existencial al debilitarse el cordón umbilical de la seguridad que descansaba en la alianza y la supremacía militar de todos los presidentes en Washington.

Hay motivos de preocupación para cualquiera que tenga nociones elementales de la historia reciente y sepa que los dos monstruos goyescos del nazismo y el bolchevismo nacieron y se desarrollaron intelectual y políticamente en una Europa herida por la crisis y por los totalitarismos que se vislumbraban.

El cambio de paradigma ya se ha producido, posiblemente antes de que Donald Trump ganara las segundas elecciones. La guerra de Ucrania la empieza Putin con la invasión del 24 de febrero del 2022, sigue estancada en tierras del Donbass y se ha cobrado decenas de miles de muertos en los dos bandos. Detener esta mortaldad es tan urgente como necesario. Posiblemente, habrá que forzar la paz.

Pero las condiciones de la tregua, el armisticio o la paz no las puede dictar el presidente norteamericano con el simple argumento de que tiene la fuerza y de que es capaz de entenderse directamente con el que ha causado este choque agresivo, al margen del derecho internacional y arrebatando por las buenas tierras de otras naciones.

Es oportuno recordar Munich de 1938 y la teoría del apaciguamiento practicada por Chamberlain y Daladier en su encuentro con Hitler y Mussolini. Pero ahora no estamos en aquellos tiempos previos a la gran catástrofe ocasionada por una guerra de la que, es de justicia histórica reco­nocerlo, fuimos salvados por los Estados Unidos de Roosevelt a partir de 1942.

El discurso políticamente correcto en ámbitos cada vez más numerosos en Euro­pa es ponerse del lado de Trump porque es el único capaz de pactar con Putin. Sin Zelenski y sin los países con más peso de Europa. Paz por territorios, pensando que las fronteras se pueden borrar sin que tenga consecuencias colaterales inesperadas y peligrosas.

Las predicciones son inútiles en tiempos de cambios y de crisis profundas. Las gentes festejaban el acuerdo de Munich de 1938 como garantía para la paz y luego vinieron las más terribles tinieblas. La legalidad internacional es el más adecuado antídoto de las guerras.

No estamos ante el réquiem de una Europa vencida y muerta. Es verdad que los viejos fantasmas del siglo XX aparecen como sombras siniestras cien años después. Y es cierto también que el motor económico, Alemania, puede escoger un Bundestag inesperado en las elecciones del domingo. Y que Francia tiene un Gobierno frágil que depende de la estrategia de Marine Le Pen. No es un detalle menor que la más firme aliada de Trump en Europa sea Georgia Meloni ni que el mejor amigo de Putin en la UE sea el húngaro Orbán.

Pero desde su fragilidad y desde la crisis propia de todas las democracias, Europa no puede quedar al margen de lo que se decida sobre ella misma y sobre Ucrania. El hecho de que Keir Starmer, el primer ministro británico, haya asistido a la reunión convocada por Macron indica que vientos de unidad soplan ante el ninguneo al que se quiere someter a Europa por parte de Trump, de Putin y de Xi Jinping, por razones diversas, pero inaceptables.

Shlomo Ben Ami, intelectual y exvicepresidente del gobierno laborista israelí, tiene escrito que Europa afronta amenazas graves, como siempre, pero los valores de la libertad y la dignidad humanas que impulsan la civilización occidental siguen siendo el sueño de la inmensa mayoría de la humanidad.

Publicado en La Vanguardia el 19 de enero de 2025

  6 comentarios por “Europa, ni vencida ni muerta

  1. D’acord. Pero el principi de pau per territoris en aquest cas de
    Crimea i el passadís de Don Bass ja el va formular el Sr. Bragulat. ex ambaixador a Rússia. Es la solució finlandesa. Hi ha vegades cal saber per guanyar.

  2. Europa ha comès molts errors, però és normal perquè és dirigida per funcionaris ineficients i líders escollits per interessos polítics, no per mèrits.

    Europa ha confiat massa en el suport nord-americà i ara està perduda, intentant solucionar problemes amb reunions d’emergència inútils; de les quals, res de concret sortirà.

    Molts europeus no lamentaran gaire la caiguda d’aquests dirigents que s’han donat la bona vida explotant les classes mitjana i treballadora durant anys.

  3. Mucha reunion de urgencia y mucha pose.
    La UE es una maquina enquilosada llena de burocratas, funcionarios y comisionistas que sirve entre poco y nada y menos cuando enfrente hay personajes, nos gusten o no, que son decididos y van a la idea.

    Tenemos un ejercito que ni el de Gila y la Leo_nor haciendo cabriolas en el Juan Sebastian ElCano(!)
    Vaya tropa!

  4. Senyor Foix, no creu que Europa ha fallat en el seu pacte de defensa que es la OTAN??. Europa ha viscut molts anys deixant la feina i la major part de despeses a càrrec de USA i ara es trova amb un president que es mira la butxaca i compta. Problemes per la colla de governants europeus que no han fet els deures durant molt temps i han mirat sols per ells I les seves butxaques.
    Als mandataris europeus ja els hi està bé el que els hi passa, per nosaltres es una gran desgracia provocada pels nostres polítics.

  5. Lluís, et felicito pel teu article d’avui a La Vanguardia, Europa ni vençuda ni morta, és un article precís, necessari i valent,un bon estímul per a la defensa de les llibertats i la democràcia a Europa i , també, al món.
    Cordialment
    Miquel Reniu

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